The Walking Dead, cuatro temporadas con algún que otro accidente

The Walking Dead T4 pic

The Walking Dead emitía ayer en AMC la premiere de su cuarta temporada batiendo todos los récords de la producción y de la cadena. Dieciséis millones de espectadores acumuló la cadena de cable básico, algo realmente insólito y muy difícil de alcanzar para una cadena de esta índole, alrededor de sus pantallas para ver la vuelta de Rick Grimes y el grupo de supervivientes al escenario post-apocalíptico de la adaptación del cómic de Robert Kirkman.

La serie, que casi ha tenido más bajas en los hombres al frente del show que en los personajes de este, afrontaba el inicio de su cuarta campaña con su segundo cambio de showrunner. La tercera persona que ocupa esta posición en cuatro años. Scott M. Gimple sustituía a Glen Mazzara, que a su vez había ocupado la posición que Frank Darabont había abandonado. Las impresiones que han dejado los caminantes de Gimple, a continuación.

The Walking Dead T4 photo

The Walking Dead siempre ha sido una serie que ha oscilado entre dos extremos, del aburrimiento más soberano imaginable al ritmo de acción trepidante. Siempre se identificó a Frank Darabont con lo primero y a Glen Mazzara con lo segundo, pero la tercera temporada demostró que ninguno se iría de la serie sin alcanzar esos dos puntos. Lo que había comenzado como un duelo de apariencias vertiginoso con El Gobernador como foco, se acabó diluyendo en un enfrentamiento a medias y un retorno a esa nadería que pobló la segunda temporada.

Por eso el inicio de esta cuarta temporada era tan importante, teníamos que comprobar qué nos ofrecía el miembro restante de ese gran equipo creativo de la serie de AMC, cuál es el sello de Scott M. Gimple. Y si tuviéramos que resumirlo en una palabra, se trata de equilibrio. Puede parecer un detalle menor, pero en una serie tan de extremos como The Walking Dead el equilibrio es la Piedra Filosofal, la Ballena Blanca y la Décima en si mismas.

Equilibrio entre acción y reflexión. Equilibrio entre el antagonismo de los caminantes y de los humanos. Equilibrio entre las expectativas de los fans del cómic y las necesidades de la serie. Un movimiento astuto de quién ha visto desde dentro las múltiples carencias del show y, con la ventaja del tiempo, ha aplicado los correctivos adecuados. No es tan brillante como el arranque de la tercera temporada, pero probablemente más efectivo y con más esperanzas de durar.

The Walking Dead T4 cast photo

Se nos ha presentado toda una gama de nuevos personajes con gran protagonismo que demandaban los fans y necesitaba la serie, pero al mismo tiempo se nos ha puesto al día con la gran mayoría de los antiguos personajes principales. Cada uno con sus conflictos internos y sus puntos de conexión entre ellos. Eso si, con una ausencia de El Gobernador que recuerda mucho a la de Brody en Homeland, una omisión deliberada.

Si bien esta temporada comienza con un status quo totalmente distinto al clima bélico que predominó en la anterior campaña, la semilla de la destrucción acecha. Si pensábamos que la naturaleza había dejado de ser un enemigo tras haber convertido en muertos vivientes en potencia a toda la humanidad, una nueva enfermedad aparece en el horizonte. Además, la locura que a punto estuvo de acabar con el frágil psique de Rick ha campado a sus anchas en otros personajes. Y Carl tendrá algo que decir al respecto.

Pequeños huevos que no tardarán en eclosionar para dejar atrás la cárcel, elemento propio de la temporada anterior, y avanzar a un nuevo escenario que lo vuelva a cambiar todo. Aunque en este episodio ya hemos tenido una dosis suficiente, estamos seguros que el camino entre ambos estará plagado de muerte, dolor y sufrimiento. Como si pudiera ser de otra manera.

The Walking Dead T4 shoot

No podemos ser más escépticos con respecto al futuro de The Walking Dead, como quién dice hemos aprendido a base de palos, pero apreciamos que el camino que se vislumbra en este primer episodio es uno correcto. Quizá no brillante, pero si al menos adecuado para evitar el hastío y la indiferencia supremos al que nos sometieron anteriores etapas de la serie.

Todo ello con la distancia prudencial con la que se mueve con respecto al cómic, como quién siguiera un rastro lejano pero se detuviera en cada esquina para hacer sus menesteres.

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