House of Cards, cazar o ser cazado

House of Cards season 2 picture

Did you think I’d forgotten you? Perhaps you’d hoped I had. Don’t waste a breath mourning Miss Barnes, every kitten grows up to be a cat. They seem so harmless at first–small, quiet, lapping up their saucer of milk. But once their claws get long enough, they draw blood, sometimes from the hand that feeds them. For those of us climbing to the top of the food chain, there can be no mercy. There is but one rule: hunt or be hunted. Welcome back.

Con este monólogo se nos daba la bienvenida a la segunda temporada de House of Cards al final de su primer episodio, una faceta de la serie que se nos había reservado durante tal capítulo en favor de una narración intensa de los últimos días de Frank Underwood como Jefe de Disciplina de la Mayoría del Congreso de los Estados Unidos de América, con uno de los mayores shocks de la serie en la que se eleva a la enésima potencia la falta de escrúpulos del personaje de Kevin Spacey.

Porque si la primera temporada era la de la Cámara de Representantes, esta es la de la Casa Blanca. Su nuevo rol de vicepresidente le permitirá llevar a cabo la segunda fase de ese plan que trazó al principio de la pasada campaña, cuando se le negó la posición de Secretario de Estado por los designios del magnate Raymond Tusk, mentor del Presidente Garrett Walker.

A continuación, con una amplia dosis de spoilers, nuestras impresiones del desarrollo de esta segunda temporada.

House of Cards season 2 shoot

La primera impresión que uno obtiene tras recorrer los trece episodios que Netflix puso a disposición el catorce de este mes, y que un servidor consumió en el espacio de dos días, es que la narración es mucho menos contenida y todos los personajes están desatados. Desde la cada vez más caracterizada sociopatía de Frank Underwood, a la equivalente de su esposa Claire, la personalidad adictiva de su jefe de gabinete Doug Stamper o la debilidad del Presidente Walker.

De esta forma pudimos ver el ya citado gran momento del primer episodio, donde Underwood se deshacía del personaje de Kate Mara por los intentos de esta de vincularle a la muerte de Peter Russo. Así se nos confirmaba que no existe ningún límite moral, ni el asesinato premeditado, en la carrera por el ascenso del antiguo congresista. Porque sus ambiciones no se frenan con la vicepresidencia, sino que su objetivo es el Despacho Oval.

Cuando el personaje afirmaba en su toma de posesión inicial “One heartbeat away from the presidency and not a vote cast in my name. Democracy is so overrated”, adivinábamos el inicio de la trama que el protagonista urdiría para ocupar la presidencia. Minar la relación entre el Presidente Walker y su mentor Raymond Tusk e incluso la del primero con su esposa, exponer una trama de financiación ilegal del Partido Democráta a pesar de estar implicado y jugar con su propia libertad y fomentar un caos político a nivel nacional que no le deje otra opción que dimitir al líder del mundo libre.

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Ahí es donde ha residido la fuerza de esta segunda temporada, en marcar un objetivo visible para los espectadores e ir sorprendiendo a lo largo del camino marcado. Cuando afirmábamos que House of Cards había vuelto mejor de lo que se fue, nos referíamos específicamente a esto, a que había eliminado esa cierta vaguedad y movimiento elíptico de las tramas que podíamos observar en su primera temporada.

Además, por ese camino hemos ganado unos cuantos personajes mucho mejor caracterizados. Como el de la actriz Molly Parker, la ambiciosa y pragmática congresista que sustituye a Frank Underwood en su antigua posición de liderazgo en la mayoría demócrata. Con este personaje la serie no pierde la conexión con las cámaras legislativas y se nos da una visión alternativa a los métodos de su predecesor, del que se sabe peón pero niega actuar como tal. La congresista Jacqueline Sharp ha sido un gran refuerzo para la serie, que aprovecha para implicarla emocionalmente con Remy Danton, el que es a su vez el peón de Raymond Tusk – el antagonista principal en las intenciones de Underwood.

Y sobre todo la que más ha ganado en caracterización ha sido la Claire Underwood de Robin Wright, como queriendo justificar a pulso el Globo de Oro recibido por su personaje. Su discurso manipulador y falaz en el que confesaba una violación encauzando así acusaciones de aborto y poniendo su figura como centro en la lucha de los derechos femeninos es uno de los mejores momentos de la temporada, especialmente cuando episodios después se nos muestra el coste emocional que sufre cuando ha de traicionar a un antiguo amante.

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Porque todos los personajes han tenido que hacer grandes sacrificios en esta guerra contra el entorno de Raymond Tusk. El propio Underwood tenía que renunciar a su amistad con Freddy, de las pocas personas que de verdad este apreciaba gracias a su establecimiento de barbacoa. El propio personaje afirma que “Do you think I’m a hypocrite? Well you should. I wouldn’t disagree with you. The road to power is paved with hypocrisy, and casualties. Never regret”, una reflexión que no deja dudas sobre si Frank Underwood dejaría atrás todo atisbo de humanidad si eso le lleva a cumplir sus objetivos.

Algo que su fiel Doug Stamper no supo aprender a tiempo, ya que su obsesión por la prostituta Rachel Posner – una Rachel Brosnahan cuya belleza es hipnotizante – le llevan no solo a ser descuidado sino a pagar el más alto precio por no haber podido poner fin a sus implicaciones personales. Algo que la pareja Frank y Claire Underwood supieron hacer muy bien, pasadas ya todas las diferencias que tuvieron en la temporada pasada. Seducirán al Presidente y a la Primera Dama y la opinión pública al igual que lo hacen con el joven guardaespaldas Meechum, juntos.

Porque en esa guerra entre Underwood y Tusk la principal víctima ha sido el Presidente Walker, al que se le han tendido numerosas trampas tanto en lo personal como en lo profesional. Su carácter dubitativo y manipulable le llevan incluso a volver a confiar en su vicepresidente, gracias a una maniobra audaz por parte de este, incluso cuando ha descubierto toda la trama que este había urdido contra él. Finalmente, agotado política y físicamente, la única opción posible es la de dimitir.

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Así llegamos a la última escena de la temporada, en la que Frank Underwood vuelve a tomar posesión esta vez como Presidente de los Estados Unidos de América y entra al Despacho Oval en solitario. Allí, tras tomar contacto con el escritorio presidencial, se pone su anillo y lo golpea dos veces con su firma característica. El ahora Presidente Underwood todavía tiene mucho que hacer.

Porque aunque en su momento tuvimos dudas sobre la necesidad de una tercera campaña para House of Cards, ahora veríamos imposible que no la hubiese. Durante las dos primeras hemos visto el despiadado ascenso de Underwood a la cima, ahora queremos ver cómo mantiene la colina. Por algo durante esta semana todo internet se ha colapsado con comentarios sobre la serie, incluyendo a Barack Obama pidiendo que no haya spoilers sobre la serie con réplica del propio Kevin Spacey.

Netflix ahora si que nos ha conquistado House of Cards dándonos una de las temporadas más solidas que hemos visto en serie alguna.

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