Spoilers y otras obsesiones contemporáneas

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Todos asumimos que, dentro de los que una de nuestras principales aficiones es la televisión, es imposible no desarrollar una serie de filias y fobias. Cada persona es un mundo y en un medio tan segmentizado como la televisión es prácticamente imposible encontrar dos individuos que tengan los mismos gustos exactos. Hasta en un navío con tanta camaradería como el que llevamos el señor OhJara y un servidor existen ciertos puntos de vista irreconciliables, sirva el afecto que mi colega tiene por Spartacus como ejemplo.

Sin embargo, si que existen otra serie de manías que carecen de toda base lógica y que parecen un mal endémico de algunos de nosotros, más allá de los gustos personales de cada uno. Utilizo la primera persona del plural porque a la hora de escribir sobre estos comportamientos erráticos me incluyo entre los pecadores descritos en bastantes casos, siendo una maniobra introspectiva la principal forma de investigación que ha nutrido estas líneas.

Por eso, a continuación, os hablaré de la sinrazón que conlleva estar todo el día pensando en los dichosos spoilers y otras insensateces de los seriéfilos en general.

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Spoilers, no me chilles que no te veo

La punta de la lanza de todos los sindioses ya la venimos anunciando en el título de la entrada, ese bonito anglicismo que si quisiéramos traducir literalmente nos daría un accesorio para la carrocería del coche. Llegado el momento creo que podríamos afirmar que es el colmo de todas las rencillas humanas desde que la información ha avanzado hasta el punto de ser en tiempo real así como las ganas de comentar todo lo que se ve. Podríamos decir que, por ansia o por malicia, siempre hay alguien que quiere ser el primero en soltar cierto detalle de la trama.

Lo cuál no suele ser especialmente bonito para el que, con una vida social y laboral que desempeñar, no puede estar al día de todo lo que quisiera y ha de encontrar el momento para ver aquellas series de rabiosa actualidad. Por eso para evitar a descuidados o indeseables ha de cubrirse los ojos cuál bestia de tiro para solo obtener aquella información que es imprescindible y evitar ver la trama destripada. Pero tendremos que poner unos límites.

Respetar al prójimo en estos aspectos es un buen uso de todo aficionado a la ficción, pero tampoco hemos de poner el foco únicamente en el que ya lo ha visto sino también en el otro plato de la balanza. ¿Hasta cuánto tiempo ha de guardar silencio en primero por no vulnerar secretos de estado en favor del segundo? Pongamos como ejemplo la Boda Roja dentro de Juego de Tronos, caso en el que algunos pusieron el grito en el cielo por comentar a lo largo de la semana los sucesos que ocurrieron en el noveno episodio de su tercera temporada.

Aunque muchos no lo tengan presente, la serie adapta la serie de novelas de George R.R. Martin titulada Canción de Fuego y Hielo, y más concretamente esa temporada adaptaba el libro Tormenta de Espadas. Pues bien, la publicación original de la novela se remontaba diez años más atrás, habiendo corrido ya ríos de tinta con respecto a lo que allí sucedía. Sería poco menos que considerar spoiler que Darth Vader es el padre de Luke Skywalker o que Bruce Willis estaba muerto en El Sexto Sentido.

Sin ir a casos tan extremos, podríamos decir que si bien los momentos más impactantes de la actual temporada de House of Cards todavía están muy recientes como para comentarlos abiertamente, ya habríamos dejado un espacio más que suficiente como para hablar del final de Orange is the New Black sin cortapisas ni salir de la propia Netflix.

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Pereza, el pecado capital

Cuántas veces habremos oído el credo que reza “sé que es muy buena pero me da pereza ponerme”, casi como si el que lo dice pidiese el perdón real o se santiguase para ahuyentar a los malos espíritus. Esto suele ocurrir en dos casos concretos, en aquellos en los que la serie se considera muy intensa y en los que su extensión es bastante amplia. Normalmente esto suele venir dicho por gente que no ha tenido problema en digerir cinco temporadas de Gossip Girl del tirón u otras tantas de The Vampire Diaries.

No dudo que hay series que necesitan una cadencia más pausada por lo denso de sus episodios, como pudiera ser The Wire, o un compromiso a largo plazo por la gran cantidad de capítulos que atesoran, pudiendo hablar aquí de El Ala Oeste de la Casa Blanca; pero eso no hace que el camino sea menos disfrutable, sino en muchos casos todo lo contrario. Podríamos decir que un denso de The Wire hay mucho más contenido que en cinco de Castle y que el ritmo vertiginoso de los episodios de El Ala Oeste hace que los episodios transcurran mucho más rápido que los de Scandal.

Lo podríamos resumir en que excusas para no ver una gran serie se podrían poner las que se quisieran, pero todas implican renunciar a algunas de las mejores historias que se han hecho para televisión por no poner ese pequeño esfuerzo que se requiere de parte del espectador. Porque así ha sido desde que la televisión dio ese salto de calidad que la acercó al cine, se empezaron a diferenciar esos productos de mayor calidad de aquellos que no pretendían más que entretener. Y si, los primeros requierieron cierto compromiso del espectador.

Pero así la requirió Blade Runner en su momento, cuando presentó una ciencia ficción en el cine con un corte mucho más adulto y filosófico. Si por esa cuestión, ya sea porque los aficionados a la ciencia ficción la hubiesen dejado de lado por tener que estrujarse algo los sesos o porque los aficionados del cine de corte adulto hubieran renegado de ella por pertenecer al género sci-fi, todos ellos se hubiesen perdido una de las mejores películas de cine de la historia.

Pues este caso es perfectamente extrapolable a lo que supuso Battlestar Galactica para televisión, que tuvo que luchar contra los mismos recelos de los espectadores, aunque ahora se le reconoce lo que verdaderamente supuso para el medio. Todos aquellos que se escudaron en la palabra pereza para no darle una oportunidad a la serie de Ron D. Moore acudieron cabizbajos al redil como ovejas rezagadas o permanecen descarriadas como ovejas negras.

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Prejuicios, una lucha de géneros

No entendamos este tercer y último asalto a la psique del seriéfilo como un apartado distinto al anterior sino como las dos caras de la misma moneda. Los prejuicios de los espectadores generan pereza sobre ciertos productos y la pereza de aquellos forma prejuicios a la hora de hablar sobre estos. El yin y el yang que dirían los orientales, Pepe Gotera y Otilio que diríamos en la península.

Cuántas veces le caería como una losa a ciertas series la etiqueta de “serie de abogados” o “serie de policías” y con ello ser relegadas a un grupo homogéneo del que de verdad no son partícipes. Siguiendo con la antes citada The Wire, ¿podríamos calificarla como un drama policial genérico? Y entendiendo por genérico el procedimental con tensión sexual no resuelta o bromance hecho con escuadra y cartabón por las networks. No, hay policías, criminales y casos, pero tanto la forma como el fondo están muy alejados de ese concepto.

De la misma forma no podríamos afirmar que It’s Always Sunny in Philadelphia es una sitcom familiar de las que tendríamos para apilar en cintas de vídeo y sobrepasar el Empire State, tiene ciertos elementos pero si no la juzgamos individualmente erraremos de pleno en lo que la serie de Danny DeVito nos ofrece. Y ya no digamos series mucho más dadas a experimentar como Community o 30 Rock.

E incluso en aquellos casos en los que el zapato de cristal se ajusta perfectamente al pie, como podría ser el caso de The Good Wife y las “series de abogados”, sin darle una oportunidad con la mente totalmente libre de prejuicios nunca llegaríamos a entender por qué es una de las mejores series que ha tenido una cadena nunca en parrilla – algunos incluso vamos más allá, pero eso se queda en el terreno personal.

Es un error común que los árboles no dejen ver el bosque a los que hablan desde fuera de ciertas series y todo en base a prejuicios adquiridos con el paso de los años. Y es cierto que ciertas partes pueden echar para atrás a la hora de considerar o no ver una nueva serie, pero ha de ser el todo lo que nos haga levantar o bajar el pulgar como si del César y el coliseo romano se tratase. Al fin y al cabo, la televisión y el mando a distancia no dista de una versión tecnológica de tal concepto.

Es con esta tríada de sinrazones de los televidentes con la que ponemos punto y aparte a esta disección de la mente de estos. Hemos querido dejar a un lado otros malos usos destacables como es la falta de paciencia con las series o ser presa del hype porque consideramos que eso entra más dentro del terreno de la personalidad de cada uno, siendo la fobia a los spoilers, la pereza indomable y los prejuicios asentados mucho más generales y perjudiciales.

Un comentario en “Spoilers y otras obsesiones contemporáneas

  1. Pingback: Series a Toda Vela | La Mesa del Capitán: Capítulo 0029 Archerfall

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