El año más raro de The Good Wife

A Weird Year

Siempre se dice que el camino más corto para llegar de un punto a otro es la línea recta, pero The Good Wife no es una serie de líneas rectas. En todo caso es de curvas, retrocesos, saltos y pendientes. Y esta quinta temporada ha sido la máxima expresión de esa tendencia. La season finale ha sido un turbulento lago al que ha ido a parar ese sinuoso río que han sido las tramas de este año, unos últimos cuarenta minutos que no han dejado tregua a ninguno de los personajes y menos aún al espectador.

Dónde estaremos el año que viene es prácticamente impredecible, tal y como tras el final de la cuarta temporada pocos supimos aventurar dónde recaería la figura de Alicia Florrick. Por suerte lo hizo donde debiera y nos ha dado una de las mejores campañas que ha visto cualquier drama en televisión, para volver a ponernos en una encrucijada de las mismas proporciones que su homóloga anterior. Como no sabemos qué pasará, analizaremos el qué ha pasado.

Porque ha sido mucho y os lo contamos a continuación, con spoilers y esas cosas.

The Good Wife season 5 finale picture

En The Good Wife ya no quedan mansos corderos sino que todos visten ahora sus pieles de leones, pero Louis Canning es aún así el más peligroso de todos ellos. Un depredador acorralado por la inminencia de su muerte que no tendrá reparos en apoderarse de su presa o destruir todo en caso contrario. Diane Lockhart es la madre leona que no dudará en sacar las garras a la hora de proteger su territorio, pero que tras una de las batallas más duras de su vida ve como sus fuerzas se agotan. De David Lee todos sabemos que es más un chacal, pero también nos gusta recordar su presencia en la batalla que se da por la dirección de Lockhart/Garner.

El problema es que esta batalla no solo se concentra en los despachos de ese bufete, sino que se extiende a la utopía orquestada en Florrick-Agos a través de una irónica invasión de la privacidad que estos realizan en sus rivales. La genialidad de que sea un método similar con el que tuvieron que luchar ellos durante el año por culpa de la NSA no pasa inadvertida para nadie, lo que refuerza la teoría de que en The Good Wife nada es al azar y todo forma un conjunto milimétrico, aunque sea en el subtexto. Que por un descuido estos puedan ver y escuchar lo que se debate en Lockhart/Garner no solo no favorecerá su posición sino que hará que sus filas se dividan entre Alicia Florrick y Cary Agos a favor o en contra de la fusión entre ambos bufetes, la estrategia de Diane Lockhart para recuperar el control.

Lo que antes era una estrecha camaradería entre los dos socios que deciden fundar su propia empresa ahora es una batalla de las mismas proporciones que la que se vive en sus antiguas oficinas, posturas enfrentadas con respecto a la fusión que harán que toda relación de confianza entre ambos se quebrante y actúen unos a espaldas de los otros con tal de asegurar o dinamitar la unión. Y todo mientras la propia Diane Lockhart tiene una oferta de Eli Gold para ser la que lidere la carrera para fiscal del estado, desechando cualquier mala sangre con el gobernador Peter Florrick.

A Weird Year

Porque el propio Eli Gold también se halla en su encrucijada particular, allí donde va los candidatos para fiscal del estado le abandonan. Finn Polmar ya no es un candidato viable para que el gobernador lo apoye, nunca sobreviviría a lo que el actual fiscal del estado tiene en su contra y las opciones se le agotan. Porque Diane Lockhart parece la opción correcta, pero que solo la elijan porque ya había sido pre-seleccionada para el tribunal supremo no pasará inadvertido para esta. Y no parece que quiera ser manejada por los hilos de nadie, tanto en su bufete como en la oficina del gobernador.

Es ahí donde entra el gran cambio de juego de este episodio, comparable a la escisión que abrió esta temporada o a la muerte de Will Gardner que rompió todos los esquemas a la mitad de esta. La solución de Diane no pasa por hacer que Lockhart/Gardner se fusione con Florrick-Agos, sino porque ella abandone el primero que había fundado y hecho crecer durante nueve años para recabar en el segundo. Una resolución, que todavía se mantiene en el aire, quizá si un tanto más predecible que las otras dos citadas pero que sigue yendo en la línea de no dejar un status-quo en pie jamás.

Hasta aquí podrían llegar los problemas para Diane Lockhart y Florrick-Agos, si así se resuelve. Pero si alguno pensaba que esta era la solución que pondría fin a todas las tormentas en la vida de Alicia Florrick, que demanda estabilidad a gritos dado su agotamiento, el episodio todavía guardaba una última vuelta de tuerca para esta. Eli Gold, visiblemente tan derrotado como ella, alcanza un grado de claridad cercano al nirvana cuando comprende que la solución al dilema del fiscal del estado había estado todo el tiempo ante él. La propia Alicia es la que debería ocupar el cargo.

A Weird Year

Otra gran vuelta de tuerca – y van… – que viene hilándose desde hace bastantes episodios pero que el propio espectador no alcanza a ver hasta que cae ante él como una losa de obviedad, uno de estos recursos de los que The Good Wife usa y abusa pero de los que no nos cansamos nunca. Como tampoco de esa guerra no tan fría que tienen Jackie y Veronica o de los devaneos de Howard Lyman por Lockhart/Gardner. Todo ello envuelto en uno de los capítulos con más intensidad y ritmo que hemos visto en el año, una delicia de season finale que pone un broche de oro a una temporada rara – un año raro, que diría Eli Gold – pero completamente brillante.

Con The Good Wife pasan estas cosas, no se le puede pedir más porque te lo da todo te lo esperes o no pero tampoco le puedes pedir menos porque ha colocado el listón tan alto que sigue necesitando de su propia reinvención para sobrevivir. ¿Un Lockhart/Gardner dirigido por Louis Canning y David Lee? ¿Un Florrick-Agos con la presencia de Diane Lockhart y la estabilidad de su amplia cartera de clientes? ¿La propia Alicia Florrick ocupando el puesto que tuviera su marido en la fiscalía del estado? Todo esto por inverosímil que parezca puede ocurrir. O puede que solo una parte. O nada.

Ahí está la gracia de la serie, la amplitud de escenarios posibles que genera y la gran capacidad que tiene para que al espectador se le anticipen las soluciones sin que este se de cuenta. Generar en su mente la respuesta sin que esta nunca sea la más fácil para ninguna de las partes. Le hablaban a Alicia Florrick de síndrome del nido vacío por la marcha de su hijo tras su graduación, pero eso no es nada comparado con el que vamos a tener nosotros el día que por alguna razón nos falte esta serie.

Long life to The Wife!

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