No sólo hay desgracia para Louie, aunque lo parezca

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Tras catorce episodios de lo mejor que se puede ver ahora mismo en televisión, hemos terminado la cuarta temporada de Louie. Una cuarta campaña de la comedia más personal de Louis C.K. que ha optado por mostrar lo más trágico y al mismo tiempo más personal de la vida del personaje que interpreta el comediante. Con un alto coste para el componente cómico del show, si, pero consiguiendo así unos arcos argumentales casi perfectos que se han contado entre lo mejor del año.

No sin sus dosis de polémica o de sobreanálisis habituales, llevadas al máximo en dos puntos concretos de esta temporada, pero siendo estas una muestra de la importancia que ha alcanzado el show de FX dentro de las mayores esferas televisivas. No en esas soporíferas rat racings en las que las networks compiten por las mayores audiencias con productos en ocasiones muy cuestionables, sino en las esferas en las que lo que importa es producir la historia más personal y de mayor calidad posible.

Y Louis C.K. lo ha hecho tal y como contamos a continuación.

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Louis C.K. ha decidido ofrecernos una temporada dividida por arcos argumentales y que se puede estructurar perfectamente en cuatro bloques distintos, tres de ellos centrados en la poco estable vida sentimental del protagonista y otro de ellos en su adolescencia. El primero de todos estos se compone de los tres primeros episodios individuales, de los que el primero en verdad funciona más para reconectar – no en vano el título del episodio es Back -con una serie que no se emitía desde 2012 y que, si bien los espectadores esperaban con muchas, muchos de estos no se acordarían de dónde nos habíamos quedado.

Llegamos tras esto al binomio que forman Model y So Did the Fat Lady, ya de lleno metidos en el tema de la vida sentimental de Louie que será el eje temático de casi toda la temporada. Dos episodios que son el polo opuesto el uno del otro pero que funcionan perfectamente el conjunto. El primero de ellos implica que un Louis C.K. abochornado por el ridículo que hace con un público millonario ante el que Jerry Seinfeld le tiende una emboscada no duda en irse con una impresionante modelo – cómo no, interpretada por Yvonne Stravhoski – lo que termina realmente mal para él.

El segundo por la contra parte de su escenario habitual en el que se siente cómodo, el Comedy Cellar, en el que ninguna de las camareras le hace caso nunca pero que tras una gran actuación una de ellas decide invitarle a salir. El problema para Louie es que esta tiene sobrepeso y no le resulta atractiva, lo que le hace dudar en numerosas ocasiones hasta terminar aceptando, lo que termina por resultar en completamente inofensivo para él. Este episodio nos da uno de los momentos de la temporada, de los que más ha dado que hablar, el discurso de Sarah Blake reivindicando a las mujeres gordas como parte de la normalidad y no como algo a evitar por el resto de hombres.

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Es aquí cuando tenemos que hablar del arco argumental Elevator, que ha ocupado seis de los episodios centrales de esta temporada siendo el eje de la trama más importante. El Lost in Traslation particular que se montó Louis C.K. aprovechando la barrera cultural e idiomática entre este y el personaje de Amia, una húngara familiar de una vecina que la está ayudando a mudarse y con la que desarrolla una relación un tanto complicada y abocada al desastre.

A lo largo de esos seis episodios nos ha mostrado todas las fases de una relación que se darían en esas circunstancias. El extraño cortejo inicial, el idilio inmediatamente posterior, la oscuridad que se cierne en la pareja al admitir su triste destino, la reconexión entre ambos al aceptar que han de disfrutar mientras puedan y la amarga despedida resultante. Una especie de película contenida en esta temporada que ha sacado tanto lo más patético de Louie como lo más tierno, un montón de sensaciones condensadas que ha funcionado bastante bien.

Aunque no tanto como esa otra mini-película que introdujo a continuación titulada In the Woods, que en el espacio de dos episodios nos narró la fatídica historia que el propio Louis C.K. viviría en su adolescencia a raíz de sus escarceos con la marihuana y que ahora recuerda tras las primeras experiencias con ella de su hija Lilly. Una pieza única que debería ser casi como un manual de consulta para la supervivencia de cualquier adolescente, casi como lo es El Guardían entre el Centeno. De hecho estoy seguro que de alguna manera el joven Louie que interpreta Devin Druid es una especie de Holden Caulfield del lugar. Y especialmente destacable también el personaje de Jeremy Renner en todo esto.

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Con el último y definitivo arco argumental de la temporada, Pamela, nos ha llegado el otro gran momento polémico de la temporada. Tras el triste final de su relación con Amia, volver con el personaje de Pamela Adlon que le dejara en el aeropuerto al final de la temporada pasada y que ahora reapareciera con interés por empezar lo que nunca llegaron a ser parecía lo lógico. Pero desde el primer momento se nos ha mostrado la volubilidad de pensamiento de esta, por lo que donde Louie vio un patético intento por forzar la situación para que intimara con él, muchos vieron una especie de… ¿apología de la violación?

No creo que llegar a tales extremos de sobreanálisis favorezca a nadie, porque esta misma semana la propia serie nos ha conducido por el verdadero camino que quería mostrar. Que entre ambos puede haber algo y que el único camino a recorrer por los dos es el de la sinceridad y el afecto. Una especie de final feliz para la pareja que podría haber sido durante mucho tiempo y que solo ahora, tras haber pasado por todas las penurias posibles de ambos, se unen como la pareja que se merecen ser.

Obviamente la gracia de la serie siempre ha estado en los palos que le ha pegado la vida a Louie, ya sea en plano personal o en el profesional, pero tras una temporada con una vis tan marcadamente trágica se agradece que al final se nos de la oportunidad de sonreír por un ápice de felicidad merecida. Aunque suponga las habituales dosis de autohumillación a las que se somete el cómico como parte del personaje, pero de alguna manera tiene que llevar la situación dentro de los cauces conocidos para el show.

El mundo ha tardado mucho en ver su cuarta temporada, pero todos coincidiremos en que ha merecido la pena.

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