Surcando aguas peligrosas con The Last Ship

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Confiamos en que nadie cuestione nuestro criterio cuando digamos que, como cualquier hijo de vecino, en este blog también tenemos nuestras filias y nuestras fobias. De entre las primeras casi es obvio decir que todo aquello que tenga que ver aunque tangencialmente con la náutica y la navegación tiene varios puntos ganados de entrada con nosotros, aunque eso no implica que nos vaya a gustar. Mientras Black Sails se convirtió en una de nuestras favoritas de la temporada para ambos, Crossbones nos pareció infumable.

Con Black Sails comparte precisamente The Last Ship productor, siendo ambas de Michael Bay en ese aspecto, pero hasta ahí llegan las comparaciones ya que mientras la primera era una hábil precuela de La Isla del Tesoro centrada en las conspiraciones de piratería, la segunda es una serie militar ambientada en la actualidad en un escenario apocalíptico. Si habremos de compararla con algo que sea con la injustamente cancelada Last Resort, que nos presentaba a la tripulación de un submarino nuclear durante un conflicto fantasma.

Profundizamos el análisis de la nueva serie de TNT a continuación.

The Last Ship gif 1

Mientras que en Last Resort teníamos ese submarino con armamento nuclear en aguas índicas, en The Last Ship nos encontramos con un destructor naval de misiles guiados en unas maniobras de entrenamiento en el Ártico. Lo que no sabe la tripulación del USS Nathan James es que en realidad su misión principal es la de albergar a los microbiólogos del CDC que buscan una cura para la pandemia global que está diezmando a la humanidad. Tras cuatro meses de misión y con más del cincuenta por ciento de la población mundial muerta o severamente infectada, son atacados por unidades rusas al mismo tiempo que creen haber descubierto la cura.

Ahí es donde entra en juego la Dra. Rachel Scott, interpretada por la atractiva Rhona Mitra, que es la que debe llevar los ingredientes para una posible cura a tierras estadounidenses para desarrollar una vacuna que pueda salvar a la población superviviente. Algo que había escondido al resto de la tripulación y especialmente a su capitán, el Comandante Tom Chandler que encarna un severo Eric Dane, que ha de encontrarse con esta situación y lidiar con ella. Lo que implicará poner a salvo a la doctora de los enemigos y llevarlos rumbo a casa para.

Aunque por el camino no tendrá las cosas especialmente fáciles, ya que descubrirá no sólo que el virus es extremadamente contagioso por el aire, sino que esto ha provocado la caída de muchos gobiernos incluido el norteamericano, que el armamento nuclear se está lanzando contra la población y que están solos ahí fuera. Ni en un crucero de lujo en el Atlántico se encuentran más que cadáveres y moribundos, su barco es el último bastión de la humanidad.

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Por eso tendrá que tomar la difícil decisión de no amarrar en costas estadounidenses para no tener que adentrarse así en tierra a la hora de buscar un laboratorio en el que desarrollar la vacuna, obligando a su tripulación en su lugar a permanecer en sus puestos en el destructor mientras la doctora desarrolla la vacuna en las propias instalaciones del barco. Algo que es posible tras descubrir que el virus ha cambiado desde sus primeros contactos en regiones aisladas de Asia y África, tiene un gen extra. Lo que solo puede haber sido hecho por mano humana, pero que les da la oportunidad de encontrar una cura.

Una decisión que no será popular y que incluso le enfrentará con su oficial ejecutivo el Comandante Mike Slattery, que nos trae a un Adam Baldwin con un tanto más peso y uno menos de pelo que a lo que estamos acostumbrados. Este y Eric Dane parecen competir a ver quién pone la voz más grave y da el tono más autoritario, pero tiene gracia ver a estos dos actores tan fuera del elemento al que estamos acostumbrados a verlos. Un Dane que hace con Rhona Mitra la pareja oficial de guapos que cada serie de TNT tiene que tener como mínimo, pero que sin embargo este piloto decide apartar por el momento de tensiones sexuales en favor de colocar a la trama por unos cauces aceptables.

De hecho es de agradecer que en todo momento se haya mantenido, más allá de un idilio de jóvenes tenientes, fuera de plano completamente. Lo que se nos ha ofrecido es buena acción militar, al más puro estilo de películas célebres con componente naval de los noventa. De hecho el director del piloto, Jonathan Mostow, es uno de los discípulos del propio Michael Bay en esos sentidos. Con menos predilección a las sobredimensionadas explosiones pero aún así buena mano para la acción, con planos enormes como el del combate del destructor contra los helicópteros. Un estilo de rodaje muy cinematográfico que da un toque de calidad a esta serie que en caso contrario no sería más que un pasatiempo veraniego.

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Que no deja de serlo, pero el no abusar demasiado de cromas y planos cerrados – como infames congéneres tipo Helix – y hacer un significativo despliegue de medios para dar tensión y entretenimiento a partes iguales eleva por encima la categoría de este piloto. Son diez episodios que tendremos en esta temporada a bordo del barco, siendo los doscientos diecisiete tripulantes del USS Nathan James todo lo que tendremos durante estos, es necesario siempre un poco de despliegue técnico si se quiere hacer llevadera la travesía.

Una historia bien propia de las adaptaciones de Tom Clancy de décadas atrás, que si bien no pertenece a su obra si que adapta una novela de otro buen conocedor del género como William Brinkley. No estamos ante una serie sesuda, de esas que tanto gustamos a la hora de glorificar aquí, pero si de una de esas buenas viejas historias en la que los americanos son los buenos, los rusos la amenaza y los militares la última esperanza de una humanidad a punto de caer por su propia mano. Siempre gustamos de este tipo de acercamientos al género, digámoslo así.

Al menos si es con este nivel de producción que TNT nos ofrece.

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Un comentario en “Surcando aguas peligrosas con The Last Ship

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