Outlander, la enamorada viajera

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Vamos con dos elementos que en esta casa suscitan polémica. Comencemos con el más amplio, el de la cadena Starz. Un quiero y no puedo con respecto al resto de cable premium – especialmente si hablamos de HBO – que cuando quiere jugar a ser intensa se pasa tres pueblos como con Boss, que entiende entretenimiento simple por violencia y sexo gratuitos como con Spartacus y que sólo en contadas ocasiones ha conseguido un delicado equilibrio entre ambas siendo un producto interesante como con Black Sails.

Sigamos ahora con Ron D. Moore, un hombre que lo ha sido todo dentro de la televisión gracias a su particular space-opera Battlestar Galactica pero que más allá de ese gran éxito no ha conseguido que cuaje nada suyo en nuestras pantallas. Ni continuar con el universo que creó para su obra maestra con precuelas interesantes pero carentes de ritmo como con Caprica ni probar a repetir la fórmula pero con un escenario menos resultón y unas tramas de baratillo como con Helix.

¿Por qué nos suscita interés Outlander entonces? Porque para ambos es algo completamente nuevo, lo que se agradece.

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Tampoco es que este fuera el producto ideal para probar, todo sea dicho. Se lanzaban palabras magnas como que Starz buscaba con Outlander su propia Game of Thrones – algo que ahora cada cadena hija de vecina quiere, por supuesto – pero no podrían haber buscado productos más antitéticos. De un reparto de personajes y escenarios completamente coral a uno centrado únicamente en su protagonista y los páramos de Escocia. De un argumento en el que la guerra y su crudeza es la protagonista a otra en la que no es más que un telón de fondo para una historia de amor.

Porque la saga de Diana Gabaldon tendrá muchos adeptos y defensores, pero gran parte de estos el principal atractivo es que se trata de una novela de romance de tomo y lomo mezclado con elementos de otros géneros. Tiene el componente bélico de la lucha entre los casacas rojas y los escoceses, tiene la ambientación mística de la magia de los druidas de Escocia y tiene los viajes en el tiempo que tanto gustan a los aficionados a la ciencia-ficción, así como la evidente ambientación histórica que tan de moda está, pero todo eso no hace más que acompañar la historia romántica que protagoniza el evento.

Por eso nos gusta aclarar este punto antes que nada, porque muchos podrán llegar a la serie buscando algo que no es. Hay dos guerras, pero en el piloto no dan más servicio que de punto de conexión entre ambas épocas; hay sexo, pero el desnudo de Caitriona Balfe forma parte de una escena de cama en un contexto amoroso y sin rastro de la gratituidad propia de la cadena; hay viajes en el tiempo, pero no parece más que un pie para el amor entre la enfermera de la Segunda Guerra Mundial y el guerrero escocés.

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Lo que si hemos de decir es que ya nos cansa el esquema de: chico fuerte, independiente, con habilidades propias pero ciertas inseguridades conoce a chico duro, misterioso, de otro mundo y se enamoran. No sólo porque queda relativamente ridículo ver a un guaperas barbilampiño entre todos los rudos guerreros escoceses, de barrigas prominentes y barbas pobladas, sino porque también tenemos el clásico conflicto entre un hombre y otro que ya hemos visto en otras sagas escritas por mujeres cuyo envoltorio de género escondía una historia de amor, como Los Juegos del Hambre o Crepúsculo.

No es algo que nos interese ni remotamente, puesto que este tipo de historias para que cierto público femenino se vea reflejada en la protagonista y al mismo tiempo fantasee con ser el objeto de deseo de varios hombres – en el que aquí el pobre Tobias Menzies sale mal parado en la comparación – que son casi como un fast-food literario o cinematográfico poca cabida tienen en una televisión que es de digestión lenta. Esas sagas citadas o sucedáneos como Divergente tendrán su público en el cine, pero aquí esa necesidad de tener una protagonista que sea única o especial y rodeada de chulazos suele estar cubierta por canales como The CW.

Tampoco se entienda esto como una carga contra la saga literaria, que con ocho libros a sus espaldas se puede considerar de todo menos comida rápida y que seguro que tendrá cierto futuro en televisión y de la que me consta que Ron D. Moore ha hecho una adaptación casi perfecta en este piloto titulado adecuadamente Sassenach. Pero si contra la decisión de Starz de optar por este tipo de historias a la hora de diversificar su contenido, de buscar alcanzar cotas de calidad más altas. Una historia de romance puede ser muy buena, pero al final por muy atrayente que sea la forma el fondo siempre acabará por caer en lugares comunes.

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Pocas de las grandes series que hemos conocido en los últimos años tenían precisamente ese tema recurrente como centro de su trama, sino más bien como un mero accesorio a lo que de verdad querían contar. Ni siquiera las ya citadas grandes series fantásticas o de ciencia-ficción como Juego de Tronos o Battlestar Galactica respectivamente cuentan con esas temáticas demasiado, de ahí que precisamente de una cadena que busca lo primero y un autor que nos ha dado lo segundo parece difícil encontrar interés en este producto. La melancolía de una vida insatisfecha que se torna en una aventura amorosa no es lo nuestro, menos aún lo de Starz.

Si que son lo nuestro por cierto los impecables escenarios escoceses, de los que se nos han dejado una amplia sucesión de planos de esos de los que quitan el aliento. También es lo nuestro la banda sonora de un Bear McReary que hace tanto buenas migas con la cadena, en la que ya firmó la música de Black Sails, como con el creador, del que ya pusiera sonido a su obra magna. Aquí, sin llegar al virtuosismo que alcanzó en la serie de piratas, aprovecha la gama de sonidos que la música escocesa otorga al compositor para darnos una ambientación sonora muy placentera.

Precisamente el principal asunto que le achacamos a Outlander es que nos gustan más esos pequeños detalles – o grandes, desde nuestra óptica – que los que serían los principales alicientes para disfrutar la serie. El piloto ha sido muy placentero de ver porque es un episodio bastante bien hecho, pero el show nos ofrece muy pocos motivos para que sigamos con él. Porque intentar camuflar la incipiente relación entre el guerrero y la enfermera con una aversión inicial directamente no ha colado, ya a cualquier serie nueva le exigimos un grado muy inferior de obviedad.

Ojalá nos equivoquemos y la serie nos lleve por otros caminos.

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Un comentario en “Outlander, la enamorada viajera

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