Black Mirror: White Christmas, retorcido cuento de Navidad

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Black Mirror es perturbadora. Y algunos podrían decir que las historias de milagros navideños también, la verdad. Pues cuando Charlie Brooker decide unir ambos conceptos y al mismo tiempo hacer una especie de homenaje al propio concepto y estructura de la serie, nos ponemos en uno de los episodios más retorcidos que ha ofrecido la serie hasta el momento. Y eso es bastante.

Quizá no estemos ante el nivel de impacto que tuviese The National Anthem o la brillantez de White Bear, pero estas tres historias con el personaje de Jon Hamm como hilo conductor funcionan muy bien como uno de esos especiales de Navidad que tanto gustan en el Reino Unido y que funcionan como un aterrador fantasma de las navidades futuras para los espectadores. Ayer se emitió en el canal TNT español y hoy nosotros publicamos nuestro análisis.

Nuestras impresiones del episodio, a continuación.

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Tres historias en un único episodio. Si antes teníamos tres por temporada ahora en los setenta minutos que tenemos como regalo navideño tenemos condensados tres fragmentos que forman una misma historia. Decíamos que el hilo conductor era el personaje de Jon Hamm, aunque más bien lo es la interacción de este con el de Rafe Spall. Es una dinámica interesante, que hasta el momento no habíamos visto en la serie y que se desarrolla sin perder los elementos característicos de la serie: las consecuencias distópicas del avance tecnológico.

Quizá la primera de las tres historias sea la que mejor funciona, sobre todo por ser la que nos introduce en este pequeño universo – que toma diversas referencias a episodios pasados de la serie – y por ser quizá el que menos carga moral tiene. El Matt Trent de Hamm se introduce en el dispositivo ocular de sus clientes para ayudarlos a conseguir ligues dándoles consejos al mismo tiempo que observa las reacciones de las chicas objetivo. Algo que bien parece inofensivo pero que es una gran afrenta a la intimidad de las personas.

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Pero claro, esto no sería Black Mirror si no saliese horriblemente mal cuando lo que el grupo de mirones entiende por una chica fácil resulta ser una esquizofrénica paranoide – nuestra querida Natalia Tena – que realiza un asesinato-suicidio con su cliente al confundirle con alguien como ella. Este es el impacto inicial que nos conecta, que nos introduce en el episodio. Ahora ya nos interesa esa cabaña en la que uno intenta sacarle algo al otro de su vida personal. Tras una referencia velada al Don Draper del propio Jon Hamm, saltamos a conocer el pasado laboral del protagonista.

Aquí es dónde entramos a conocer el personaje de Oona Chaplin, que no podía ser más plano e irrelevante. No sé si es por culpa de la intérprete o del propio personaje, pero en comparación con Natalia Tena aquí Chaplin queda reducida a la nada más absoluta. No es más que un mero escaparate para mostrarnos lo que la generación de inteligencias artificiales para domótica podría llegar a deshumanizar el sufrimiento ajeno. Algunos esperábamos que se terminase por convertir en una especie de HAL 9000, pero ha sido bastante decepcionante al respecto.

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Entonces si empezamos a conectar las piezas, hasta el momento nos han introducido dos tecnologías: la ocular, que permite bloquear a aquellas personas con las que no quieres contacto, y la cookie, que permite hacer una copia informática de la personalidad de un individuo. Aquí es donde entra en juego el argumento del episodio en si, la historia del hombre que a causa de un bloqueo injustificado de su mujer por vergüenza a reconocer que su embarazo provenía de una infidelidad pierde la cabeza y acaba asesinando a su antiguo suegro, provocando la muerte involuntaria de la hija de su antigua pareja.

Vemos cómo el manipulador Matt Trent con sus historias personales sólo intentaba hacer que su compañero se abriese y contase su propia historia, que confesase su crimen para así él mismo librarse de los suyos propios. Este es el giro habitual que ofrece, pero lo que realmente termina por consternar al espectador serán esas dos consecuencias finales: que la pena por invadir la privacidad de otros sea ser bloqueado por todas las personas y que a la IA se la mortifique por unos crímenes que su contrapartida humana ha cometido. Qué sería de Black Mirror si no fuese por estos detalles.

 No ha sido el mejor de la serie, pero quién puede negar que Charlie Brooker sigue en forma.

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Un comentario en “Black Mirror: White Christmas, retorcido cuento de Navidad

  1. Es una de mis series favoritas. Por ello, te recomiendo que veas una nueva serie tecnológica, combina el humor y la conciencia social.

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