El erial adolescente de The 100

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No solemos ser los mayores defensores de las series de adolescentes en este blog. No porque tengamos algo contra un colectivo del que hasta hace pocos años éramos parte, sino porque normalmente el foco de estas series no está puesto en la ambientación, las interpretaciones y el guión como a nosotros nos suele gustar sino más en la búsqueda de triángulos amorosos y la eterna reafirmación del yo que parece perseguir ese citado colectivo. Sin embargo tampoco estamos ciegos a la cadena The CW, que vive de ese público en general y del femenino en particular, especialmente gracias a sus series basadas en cómics como Arrow o The Flash.

Por lo que una vez en el ambiente de esa cadena nunca podemos desaprovechar la oportunidad de ver qué más productos tiene que ofrecer, más allá de nuestra zona de confort en el género superheroico. Lo intentamos con Jane the Virgin pero jamás pudimos superar la barrera de los cuarenta minutos de duración para una comedia y la falta de gancho del piloto. Pero no desistimos. Aunque esos productos de corte adolescente no fuesen lo nuestro, decidimos darle una oportunidad a una The 100 que ocasionalmente era bien situada por gente con criterio en esto de las series de televisión.

Aunque está bien llegar fashionable late a las modas, tampoco nos gusta ser los últimos en abordar los barcos.

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Así que nos hemos puesto al día con The 100 por aquello del qué dirán y por el camino hemos ganado una extraña afición por esta amalgama de conceptos de libros como El Señor de las Moscas o series como Battlestar Galactica y Lost. Poco queda por inventar en este tipo de ciencia ficción y es seguro que la serie de The CW no es novedosa en nada de lo que plantea, pero al diferencia de muchas otras series que han intentado sacar réditos del legado dejado por los shows, esta es realmente efectiva. Muchas veces no necesitas más que un núcleo de personajes en el que los guionistas se sientan cómodos y acción para entretener al espectador.

Porque el funcionar de The 100 no ha sido instantáneo, sino que como muchas otras series ha supuesto un proceso de crecimiento – en muchos casos de ensayo y error – que prácticamente se comió su primera temporada. Tuvimos que esperar hasta su segunda, con un escenario mucho más diverso y un argumento más ambicioso, para observar el verdadero potencial de la serie y que se convirtiese en una cita semanal bastante atrayente. Pero nada de eso hubiese sido posible sin las bases edificadas en la primera temporada, por lo que no creemos tampoco que ese tiempo invertido haya sido ni mucho menos perdido.

Ahora tenemos a tres facciones en juego, pugnando todas ellas por el control de un mismo territorio, y un conjunto de disputas y frágiles alianzas entre ellas. Y dentro de cada una también hay distintos bandos y tendencias de opinión, reflejadas por varios personajes. En relativamente poco tiempo han logrado conseguir un universo propio lo suficientemente rico como para tener una personalidad única. Y eso es algo por lo que las majors o cadenas de cable se pelean por conseguir. Quizá el mérito de esta especie de Fallout televisivo sea también el de conseguir que los personajes hayan alcanzado tal grado de desarrollo en tan poco tiempo.

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Porque si decíamos que por regla general no nos gustan las series adolescentes, nuestro lector podría pensar que con quien más congeniamos es con los personajes adultos del show. De hecho que haya actores solventes como Henry Ian Cusick, Isaiah Washington o Paige Turco entre ellos podría ayudar a que esto fuera así. Pero sin embargo la serie ha puesto tanto empeño porque nos preocupemos e interesemos por el recorrido y la evolución de los personajes adolescentes que los adultos quedan en un segundo plano siempre, siendo Clarke, Bellamy, Octavia o Murphy los que de verdad tengan interés.

Todo ello con el mérito – o demérito – de haber contratado para interpretarlos a unos actores muy limitados o directamente malos en la labor. Sentimos decirlo así, pero es verdad, hay actores adolescentes ahí fuera – véase Kiernan Shipka de Mad Men – con muchísimo más talento de los que tenemos aquí. Pero sin embargo han sabido sobreponerse a esas limitaciones interpretativas y suplir esas carencias con una mayor exposición en el guión. A veces cuando a un productor le dan limones no tiene más remedio que pedirle a los guionistas que le expriman la mejor limonada que puedan.

Y así ha sido con The 100, una serie que a pesar de su cadena, de su temática y de sus actores funciona bastante bien y se está ganando un hueco entre una crítica escéptica a lo que pueda ofrecer The CW. O cada vez menos, visto que Jane the Virgin ha triunfado en los Globos de Oro. Pero más allá del revuelo que pueda armar esta comedia por el tirón que tiene ahora mismo la comunidad latina norteamericana o del fenómeno fan que siempre van a producir series como Arrow o The Flash, son series como The 100 las que de verdad pueden elevar algo el listón de la cadena y sacarle la etiqueta de network de segunda.

Quien por prejuicios no le haya dado una oportunidad a la serie, que se replantee su situación.

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2 comentarios en “El erial adolescente de The 100

  1. Totalmente de acuerdo, está bastante bien.

  2. La verdad es una de las series mas entretenidas que he visto ultimamente. Su argumento, los personajes que van evolucionando en sus personalidades y el hecho de que nunca puedes estar seguro de lo que pasara en el proximo capitulo, hace que en verdad valga la pena verla. Espero con ansias la tercera temporada

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