Mad Men, alfa y omega de la televisión

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Casi todo el mundo en este gremio está de acuerdo en afirmar los tiempos que vivimos como una era dorada de la televisión. Cada cuál tiene sus filias y sus fobias, aunque muchos concluimos que los últimos años hemos presenciado una conjunción de los astros que nos han permitido disfrutar de diversas series que han hecho historia al mismo tiempo. Y el astro rey en esta constelación era Mad Men. Se puede acudir a The Sopranos como aquella que prendió la mecha de lo que viviríamos, pero el verdadero show que nos confirmó que la televisión había llegado a su cenit era fue el que este domingo vio su final tras siete temporadas.

Siete campañas a lo largo de ocho años en los que Matthew Weiner, que precisamente venía de ser uno de los lugartenientes de David Chase en The Sopranos, haría del oficio de escritor para televisión una figura ascética en la que guión a guión, temporada a temporada, nos empaparía de su forma de entender del medio. Es difícil entender lo que es la pequeña pantalla de la misma manera que antes tras ver Mad Men. El obsesivo y controlador showrunner en el que se convirtió Weiner no solo dio al público su visión de la televisión con la historia que se propuso narrar, sino que hizo que el público adoptase esa visión como propia.

De esto y de otras cosas nos enteramos, con spoilers, tras su series finale.

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Como siempre, ya han salido personas muy críticas con este final de Mad Men. Lo esperábamos pero no por ello lo entendemos. Una vez más, se ha repetido como un mantra que Matthew Weiner ha abusado del uso de lo críptico y de la elipsis, a pesar de que ha sido de los más convencionales en ese aspecto de no ser por su gran escena clave. Casi suena reaccionaria esta posición, como si se quisiese poner sobre el tablero una posición contraria a la aceptación general de esta series finale de forma artificial solo por el mero hecho de evitar un consenso, para que no parezca que hay unanimidad dentro de la crítica y la opinión pública.

No seremos nosotros quienes desanimemos a nadie a verter puntos de vista alternativos, pero la conclusión de Mad Men no es solo un gran final sino que es el final. Con ella empezamos a ver la televisión de otra forma y con ella terminamos por darnos cuenta cuánto ha influido en nosotros y en la televisión. Crecimos con ella al mismo tiempo que sus personajes y ahora al igual que estos somos capaces de ver a dónde nos ha llevado este particular viaje. Comenzamos como espectadores casuales con aquel Smoke Gets in your Eyes y nos vamos como veteranos conocedores de la televisión con Person to Person.

Si esta series finale no hubiese puesto especial énfasis en recordarnos que la serie es la historia de unos personajes, de una profesión, de un país y de Don Draper, probablemente nos hubiésemos perdido en la idea de que la serie había terminado por hablarnos de tú a tú a los espectadores contándonos nuestra propia historia como tales. Probablemente AMC como cadena esté pensando lo mismo con respecto a si misma. Y Jon Hamm como actor seguramente esté en la misma situación. Ninguno de los involucrados en Mad Men ha pasado por la serie de forma inocua, sin un profundo cambio por el camino.

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Más allá de la intrahistoria de la serie, tantas veces tratada y que ha originado decenas de artículos, entrevistas o libros derivados, ha sido un camino arduo para la serie y para los espectadores. Una cancelación inminente, un punto muerto entre la cadena y su creador, una ruptura entre la serie y la crítica. A todo eso supo sobreponerse un show que traspasó sus propias fronteras y que afectó a un sector de la publicidad a la que retrataba, a un sector de la moda que quedó prendado de su estilismo y a un sector periodístico que no podía dejar de usarla como objeto de estudio día si y día también.

Porque por encima de todo esta serie y este final trata sobre sus personajes. En este caso no es una mera excusa para evitar cerrar unas tramas que han crecido como un leviatán incontrolable, es el verdadero foco de la serie. Esta logró llegar tan lejos como llegó porque junto a Don Draper estaban Peggy Olson, Pete Campbell, Joan HarrisRoger Sterling o Sally Draper entre otros. Porque la obsesión de su creador por ofrecer el show más veraz posible se extendía hacia las personas que protagonizaban sus guiones, que también evolucionaron y cambiaron desde el piloto de la serie hasta su series finale.

Con Don Draper vimos el ascenso y caída de la figura más enigmática de la serie, el retrato del hombre de éxito al que todos aspiran ser pero que esconde un juguete roto que finge ser quien no es. Con su hija vimos no solo su crecimiento físico, de una forma que ni Boyhood ha retratado tan perfectamente, sino cómo se forjaba una actriz en Kiernan Shipka que no tiene parangón dentro de sus competidoras adolescentes. Con su ahora ex-mujer Betty Francis vimos cómo el creador de la serie descargaba sobre ella todas las frustraciones que le provocaba la actriz que la interpretaba, teniendo como resultado sin embargo un personaje muy humano.

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No ha sido exclusivo de esa familia el enorme desarrollo argumental que sufrieron los personajes, quizá Roger Sterling siga siendo el mismo bribón con suerte que en un principio, pero al igual que Pete Campbell – que fue el hombre que tuvo suerte en fracasar en su intento por convertirse en Don Draper – la vida le ha traído por tantos caminos distintos que se ha moldeado junto a los acontecimientos. Aunque si hay un sector de personajes a los que Mad Men ha puesto especial atención es a los femeninos. Precisamente la serie que aún hoy es tachada de machista fue de las primeras en poner en juego una visión feminista honesta.

Ya que no existe serie que no haya puesto sobre la mesa a dos personajes femeninos tan reales, tan profundos y tan complejos como Peggy Olson y Joan Harris sobre la mesa en un entorno social e histórico tan adverso y aún así haya conseguido que estas se adueñasen del show. Mad Men es también la historia de dos mujeres forjadas en acero que construyeron su propio destino. A Joan Harris su independencia, más que patente en el nombre de su empresa Holloway-Harris, le costó su vida familiar pero no su felicidad. Y Peggy Olson en última instancia pudo tenerlo todo, a pesar del largo camino que tuvo que recorrer para conseguirlo.

Ha sido tal el énfasis que la serie ha puesto en el resto de personajes que bien pareciera que iba a dejar caer en el ostracismo a Don Draper, pero eso no podía pasar. En su momento más bajo, cuando todos podíamos esperar ese peor destino que algunos llevaban augurando mucho tiempo, un encuentro con una versión invertida de si mismo le hace tocar fondo. Un fondo del que con una paz mental es capaz de surgir con su última y definitiva idea. Algunos pensarán que no se merece tener un nuevo principio como el resto de personajes, pero así es y así ha sido Mad Men.

It’s the real thing.

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