Sense8, la conexión multicultural

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Hay veces que los experimentos salen mal y otras veces en la que los experimentos salen bien. Con Sense8 hay opiniones polarizadas al respecto, estando nosotros en un extremo de ese espectro, pero lo que todos admitimos es que la serie era un experimento. Uno muy arriesgado, por cierto, ya que a los Wachowski desde la trilogía Matrix no les salía nada decente por muchos intentos sinceros que hicieran con películas como Speed Racer o Cloud Atlas. Y ni siquiera la citada trilogía era perfecta a pesar de su acertada primera entrega, con cotas de calidad a las que la reciente e irregular Jupiter’s Ascending no ha conseguido aproximarse.

Tener de guionista y principal arquitecto a Joe Michael Straczynski tampoco es algo muy seguro. Entendemos que Babylon 5 en ciertos círculos pueda considerarse una serie de culto, pero los selectos aciertos del escritor de cómics y televisivo se ven muy empañados por sus descalabros. No solo por el hecho de que muchas de las historias que decidiera llevar a cabo le hayan salido mal, sino por su costumbre habitual de abandonar todos los proyectos en los que participa en cuanto estos no tienen la recepción esperada. Sense8 no lo tenía fácil con él como primera espada.

Comentamos a continuación cómo ha resultado la serie a pesar de todo.

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Con Sense8 es muy fácil obtener la sensación equivocada. No es una ocurrencia jocosa personal, sino un hecho constatable por la pobre carta de presentación que tiene la serie. De doce episodios de los que se compone la primera temporada, el primero es el peor de todos con diferencia y los dos que le siguen no superan la calificación de flojos. Una serie de Netflix que vive de la necesidad de los espectadores por engancharse y consumir la temporada con voracidad da nulos alicientes para esto. Sin embargo estamos ante un indicador a desdeñar, ya que si uno es capaz de llegar hasta el cuarto episodio se enamorará con facilidad de la serie.

Ese cuarto episodio podría considerarse perfectamente un umbral de resistencia del espectador, si a pesar de los tres episodios anteriores ha llegado hasta ahí, se merece ser recompensado con un gran episodio seguido con una recta de estos realmente destacables. A partir de ese momento la serie se convierte en ese crisol de personalidades y sensibilidades que nos ha atrapado. Esa oda a la multiculturalidad, al entendimiento entre distintas formas de pensar y de sentir, a la identidad individual y colectiva. Sense8 en ese aspecto es una de las series más adelantadas de las que tenemos constancia.

Algo que consigue transmitir gracias a su reparto o a pesar de él. Como decíamos, es fácil obtener una impresión equivocada de la serie, teniendo un gran impacto en esta posibilidad su abundante reparto con nula capacidad interpretativa en su mayoría. Si bien la serie ha desplegado una gran inversión económica en exteriores y decorados, con una fotografía y una dirección de primer nivel, esto ha venido en detrimento del reparto. Caras en su mayoría desconocidas y aquellas que conocemos preferiríamos que no estuvieran, como es el caso de Naveen Andrews o Daryl Hannah con los que abre la serie y que en verdad importan poco o nada.

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No es hasta que dos actores empiezan a destacar cuando preferimos olvidarnos del factor interpretativo y centrarnos en el aspecto emotivo. Porque a pesar de tener un nivel medio muy bajo, aquí el patrio Miguel Ángel Silvestre consigue destacar con el papel más cómico dentro del mosaico que es Sense8. No es un actor con las mejores aptitudes dramáticas por lo que le ha venido muy bien el ser en el primer tramo de la serie el representante de la vis cómica del show, aunque más adelante en el noveno episodio tenga la oportunidad de obtener sus buenas dosis de drama.

También Donna Bae nos conquista con la representación física del estoicismo en el cuerpo de una mujer siendo, más allá de la badass oficial del grupo junto a Wolfgang, un personaje completamente hipnótico que no solo tiene la historia personal más atrayente y dramática de todo el conjunto del reparto. Mucho más incluso que la principal relación de la serie, que es la del policía Will Gorski y la Riley Blue que son los que sirven de centro para la season finale y principal hilo dramático con la mitología de la serie. Aderezados eso si con la aparición de otros sensates como Capheus Van Damme que contrastan con el pesimismo de estos.

No hay casi un momento para respirar en la recta final de la serie, algo que nos gustaría decir de muchas otras series de primer nivel que se han aproximado con menos ínfulas que esta. Y eso que el desarrollo argumental de la mitología ha sido mínimo, centrándose casi toda la temporada excepto dos o tres episodios en presentar y evolucionar a los personajes. Pero lo han hecho de una forma tan humana y tan convincente que no hay otra posibilidad que la de añorarlos un año entero como si fuesen de nuestra familia. Porque de alguna forma los espectadores formamos parte del cluster protagonista de Sense8.

Contra todo pronóstico, ya somos fans de la serie.

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