Noticias de Ultramar: Año 2, Semana LII (del 15 al 21 de agosto)

Fin de trayecto. En este navío tenemos una especial fijación, heredada de DC Comics, con el número cincuenta y dos. Cada vez que llegamos a esa cifra nos gusta tirar la casa por la ventana. O mejor dicho, las secciones del blog. El año pasado por estas fichas decidimos dar por terminadas las entregas de la Mesa del Capitán y este año hacemos lo propio con las Noticias de Ultramar. Porque dar regalos en los aniversarios ya es muy mainstream, nosotros os quitamos cosas que ya tenéis. De hecho, ni en este post os traeremos una sola noticia de actualidad.

Las noticias antiguamente incluían al cierre un editorial, una opinión de la casa sobre uno de los temas a tratar.  Eso será lo que os ofrezcamos hoy, nuestra visión sincera sobre una temática recurrente dentro de los medios sobre televisión. Los propios medios sobre televisión. Pocos entornos hay tan ombliguistas como el presente y hasta el momento, si bien desde la cuenta personal de Twitter de un servidor si que se han vertido ciertas opiniones, no habíamos optado por ofrecer nuestras impresiones sobre el estado actual de este. Ya que hoy es el último día de la sección, no parece haber mejor momento posible.

A continuación, lo que nosotros pensamos de las noticias de televisión.

Weekend Update pic 1

Los medios de información sobre televisión están en decadencia. No a nivel de cantidad, ya que el sector cada vez se reproduce a mayor velocidad, ni de número de lectores, puesto que el interés por este tipo de contenido crece a un ritmo incluso mayor, sino a nivel de contenido. Cada vez se produce un número mayor de entradas que llevar a los lectores potenciales pero estas cada vez ofrecen menos información real. El auge de la información televisiva ha llevado a una decadencia moral de los informadores televisivos. Se ha llegado a un punto de verdadera bulimia en cuanto a lo que las páginas de más alto nivel procesan como información y devuelven al público.

Sirva como ejemplo la más reciente polémica en nuestro país. En los últimos días se ha producido un nuevo encontronazo entre Javier Olivares, creador de la serie El Ministerio del Tiempo, y las páginas más sensacionalistas sobre televisión a raíz de un tweet publicado ironizando sobre el parecido entre su serie y la Doctor Who en la que abiertamente se inspira. Este sirvió a algunas webs como FórmulaTV o Vertele para aprovechar la ocasión y dar rienda suelta a su política habitual de clickbait, titulares engañosos de gran impacto con el objetivo de que el espectador acceda a la página y obtener un amplio número de visitas a pesar de no equipararse a continuación con un contenido que sostenga ese titular o simplemente con la realidad.

Obviamente, esto no fue del mayor agrado del creativo televisivo ni de gran parte de los ya conocedores de las prácticas de estos blogs. Un servidor conoce tanto a Javier Olivares, al que respeto e incluso tuve la oportunidad de entrevistar para RecapBlog, como a una de las citadas dos páginas, en la que se tuvo una oportunidad de entrar como colaborador que fue rechazada, y no es plenamente imparcial al respecto. Sin embargo, tampoco nadie debería serlo, ya que estas prácticas individuales de esas páginas dañan la imagen de los medios de información televisiva en general y la confianza que los lectores tienen en páginas como las suyas o la nuestra se ve mermada de forma irreversible por sus actos.

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Pero no son los únicos medios que lo hacen, páginas web de diarios de prensa nacionales como la de El País cada vez bordean más estas prácticas en sus secciones satélite, que han sido importadas directamente de otros medios internacionales que han llevado la ausencia de contenido a ser una imagen de marca como BuzzFeed. En ciertos casos, entre los que Gawker es el que más destaca, se ha avanzado también a una ausencia total de ética y responsabilidad con el lector hasta el punto de que el eslogan de la propia página es “today’s gossip is tomorrow’s news”. Es nuestro deber, desde los medios de información televisiva nacionales, el prevenir este avance hacia el nihilismo informativo. Que la calidad y veracidad de la información prime siempre sobre la cantidad de contenido publicado y la capacidad de atracción de lectores de este.

Es posible que esto suene a aplicar estándares periodísticos a medios donde en los últimos años se ha producido una creciente desprofesionalización, provocando que un gran número de colaboradores de otros ámbitos laborales hayan entrado a formar parte de estos medios, pero en la medida en la que estos actúan desde esos medios periodísticos o realizan actividades paraperiodísticas tendrán que estar bajo estándares equivalentes. En esta casa, por ejemplo, el que escribe es graduado en Derecho y su segundo de a bordo OhJara es graduado en Física, pero eso no impide que en todo momento intentemos aplicar la profesionalidad y ética que caracteriza a nuestros sectores a este en el que realizamos un cierto intrusismo.

Una ética que no solo atañe a la mera información sino al análisis televisivo del que suele ir acompañada. Entendemos que en muchos casos la subjetividad es inherente a cada crítica u opinión vertida, pero eso no debe implicar que esa subjetividad esté disponible a demanda de terceros. Uno de los peligros que surge con esa entrada de profesionales ajenos al periodismo al sector de la información y la crítica televisiva, al que todos incluidos los de esta página somos susceptibles, es la facilidad con la que nos podemos ver influenciados por aquellos que buscan que se informe y se analicen sus productos. Hasta el punto en el que la línea entre información y promoción se ha difuminado tanto que ya no se sabe dónde termina uno y empieza lo siguiente.

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La cantidad anual de eventos que las cadenas de televisión, especialmente las de pago, invitan a los analistas de televisión ha crecido exponencialmente en los últimos cinco años. La relación simbiótica entre estas cadenas, que consiguen visibilidad para series que de otra forma podrían pasar desapercibidas, y los distintos críticos, que consiguen acceder a contenido en primicia en este país y con ello ser los primeros en hablar sobre las próximas series así como ser partícipes de los propios eventos, está llegando a un punto de auténtica camaradería cuando nunca debería pasar de un respeto escéptico mutuo. Esto dificulta la credibilidad de los textos que los segundos puedan producir al estar contaminados por esa relación.

Esto puede llevar fácilmente, y en ciertos casos ha llevado, a hablar bien de series que en otras circunstancias serían ajusticiadas con severidad para que esas invitaciones a eventos o esos productos promocionales sigan llegando y la relación entre ambas partes siga su curso. Otros han afirmado que si son invitados a un evento y van a hablar de las series allí emitidas, lo harán siempre que sea para bien, si ha de ser para mal prefieren abstenerse de comentar nada. Puede parecer una posición mucho más neutral y razonable pero, una vez más, hemos de cuidar esa responsabilidad por ofrecer un contenido honesto a los lectores. De otra forma carece de cualquier valor un análisis ofrecido, si solo va a ser posible ofrecer una crítica favorable o una ausencia de esta.

Ya ha pasado fuera de nuestras fronteras, con la crítica y la información televisiva degenerando en dos corrientes: la del publirreportaje y la de la justicia social. Esta última es el más novedoso filtro por el que hay que pasar todo producto cultural a analizar, el ver si cumple los estándares de raza, identidad y orientación sexual más actualizados. Algo para lo que, una vez más, muchos no parecen plenamente cualificados y parecen más obsesionados por ser el primero en criticar la falta de alguno de estos aspectos en la última serie de moda que por analizar lo que es la serie en si. Si por ejemplo Mr. Robot nos parece a muchos uno de los estrenos del verano por su forma de narrar, su diversidad, su propuesta y su trama, ahí está Buzzfeed para llevar el sobreanálisis al paroxismo.

Sports Night gif 1

El problema es que ambas tendencias están teniendo un desarrollo creciente también dentro de nuestro territorio. Unidas al ya comentado y más que establecido clickbait, no parece muy apocalíptica esa situación de decadencia que ya establecíamos como tesis. Una de la que somos responsables todas las partes involucradas, tanto informadores y analistas como lectores e incluso las propias cadenas de televisión. El examen de conciencia que se ha de realizar colectivamente ha de ser exhaustivo, planteándonos hacia dónde queremos que llegue esta comunidad que voluntaria o involuntariamente hemos establecido, si esperamos leer contenido de calidad y si al mismo tiempo es lo que queremos ofrecer a nuestros posibles lectores.

Por nuestra parte, en Series a Toda Vela, sentimos que ya no tenemos esa necesidad de formar parte de ese mercado negro en el que se intercambia información rápida y crítica blanca por visitas fáciles. Si todo lo que aquí vertimos fuese única y exclusivamente por las visitas, probablemente hubiésemos cerrado la página en su conjunto mucho antes. Sin embargo seguimos creyendo en lo que hacemos y, si bien decimos adiós a este formato que nos ha acompañado los últimos dos años, pronto encontraremos un formato en el que nos sintamos más cómodos transmitiéndoos la información que nosotros creemos relevante aderezada con nuestro propio tipo de análisis.

Hasta muy pronto.

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