The Leftovers, quemando los prejuicios

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Huiremos de tópicos a la hora de hablar de The Leftovers porque no es una serie que se pueda definir con tales. Simplemente diremos que es la serie que Damon Lindelof siempre quiso hacer. Ni supo entender a los espectadores ni supo hacer que los espectadores le entendiesen a él con Lost. Hizo trampa y de una de las peores maneras posibles, cambiando las reglas del juego cuando este está a punto de terminar. Eso no le sirvió ni para empatar, por supuesto, pero al menos si que le llevaría a plantearse de forma honesta lo que de verdad quería en una serie.

Quería no sólo una serie sobre personajes, sino una sobre las personas. Concretamente una sobre las emociones más básicas de estas como el amor, la furia, la tristeza, la soledad, la desesperación o el miedo. Y no sólo quería que los personajes reflejasen con la mayor verosimilitud posible esas emociones, querían que a su vez estas se viesen reflejadas en los espectadores. Básicamente la serie coloca toda su apuesta en bloque en la conexión con el espectador, algo muy arriesgado especialmente por lo desconcertante de su tramo inicial, pero que a poco que el espectador siga se convierte en la base del show.

A continuación os comentamos qué ha despertando en nosotros la season finale.

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