Suits, la fórmula que se agota

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Hemos vuelto con Suits con el ánimo que unos padres van a las reuniones escolares de su hijo el por varias veces repetidor. Está bien, es nuestra obligación, pero hace ya tiempo que no deberíamos estar aquí. Una serie que emite episodios tanto en la temporada de invierno como en la de verano no debería permitirse el lujo de durar el mismo número de temporadas que el resto, menos aún estar en su quinta temporada, renovada por una sexta, y no tener ninguna intención a la vista de otorgar una series finale. Pero somos resilientes y nos gusta ver buenos trajes en pantalla, así que hemos vuelto otro año más.

Casi deberíamos decir que no nos hemos ido, porque hace pocos meses que ha terminado la temporada y acabamos de empezar otra que no tiene argumentalmente ningún elemento diferenciador con su predecesora. No somos demasiado conocedores el efecto que generan las telenovelas diarias en una persona, pero entendemos que Suits debe ser algo semejante llegado este punto. Las eternas tramas en bucle ya desaniman más que motivan al espectador y ni siquiera los puntos de referencia estables que teníamos en la serie, sobre todo lo relacionado con el personaje de Donna, nos están funcionando.

A continuación, y con algún spoiler menor, comentamos el porqué de la cuestión.

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